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AGO. 11, 2026 13:15:21

La fiebre por la inteligencia artificial se diversifica: ¿dejará atrás a los 7 Magníficos?

En lo que va de año, la mayoría de los integrantes del grupo de los llamados 'Siete Magníficos' registra rendimientos inferiores al de su índice de referencia, el S&P 500; de hecho, compañías como Tesla o Meta se han devaluado en estos primeros siete meses y medio de 2026. Asimismo, la capitalización bursátil de este grupo –Alphabet, Amazon, Apple, Meta, Microsoft, Nvidia y Tesla– asciende a unos 23,6 billones de dólares, aproximadamente, por debajo del máximo histórico de 24 billones alcanzado el pasado mes de mayo.

Esta cifra representa el 35,7% del valor total de 66,3 billones de dólares del S&P 500, pero ha descendido desde el máximo del 37,9% registrado en octubre de 2025, según indica Russ Mould, director de inversiones de AJ Bell. "En términos sencillos, el valor de los otros 493 integrantes del S&P 500 ha aumentado más rápidamente desde el pasado otoño, por lo que las Mag7 han tenido un rendimiento inferior", señala. Para Mould, esto sugiere que, por ahora, los mercados "parecen confiar más en las empresas que se están beneficiando del auge de la inversión en IA que en aquellas que están realizando ese gasto".

En concreto, Mould señala que son muchos los sectores que se están beneficiando de este auge de la IA. Por ejemplo, los beneficios récord de Siemens Energy, el fuerte crecimiento de los envíos de carga desde Asia por parte de Cathay Pacific y la oferta de compra sobre Harworth, empresa británica dedicada a la regeneración y desarrollo de terrenos gracias a sus emplazamientos para centros de datos. Sin olvidarnos, por supuesto, de los grandes fabricantes de chips y memoria, como las surcoreanas Samsung y SK Hynix, una tendencia que para el experto de AJ Bell "muestra que los inversores están buscando todos los ángulos posibles cuando se trata de la IA, y no solo fijándose en los nombres más grandes y conocidos".

Sin embargo, eso no significa que el mercado haya perdido la confianza en los '7 Magníficos'. “Con el rendimiento relativo no se pagan las facturas: lo que cuenta son las rentabilidades absolutas, y estas siguen siendo suficientes para mantener satisfechos a muchos inversores y permitirles conservar el nivel de vida al que están acostumbrados", apunta Mould. De hecho, la capitalización bursátil total de este grupo ha aumentado un 23% en el último año, es decir, unos 4,5 billones de dólares, con 2,8 billones de esa subida llegando desde finales de junio.

PROBLEMAS PARECIDOS, PROBLEMAS DESIGUALES

Y es que las dudas son generalizadas, pero no homogéneas. Así lo muestra el comportamiento bursátil, que refleja una gran dispersión entre compañías como Alphabet y otras como Meta, Tesla o Microsoft.

En el caso del fabricante de coches eléctricos, sus recortes en las previsiones de beneficios están perjudicándole, al igual que unos planes de gasto que no terminan de convencer al mercado. Esto último es una cuestión recurrente en las grandes tecnológicas, ya que las acciones de estas compañías vienen cayendo debido a que los inversores "se preguntan cuándo estas compañías empezarán a generar una rentabilidad adecuada sobre ese gasto… o incluso si es posible".

“Microsoft cuenta al menos con su negocio de servicios en la nube, que está bien posicionado para beneficiarse de la expansión en curso de los centros de datos y de los grandes modelos de lenguaje que impulsan la IA", explica Mould. Este es también uno de los principales activos de Alphabet, aunque la matriz de Google y YouTube dispone además de la ventaja de una enorme base de clientes que proporcionan datos que, a su vez, ayudan a entrenar los grandes modelos de lenguaje y a personalizar la oferta de IA para maximizar su eficacia.

Más complicado es el caso de Meta. Se considera que la propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp tiene la oferta de servicios en la nube más débil y, por tanto, la vía menos directa para beneficiarse ahora del gasto en IA. Al mismo tiempo, su ofensiva inversora implica que ya no está realizando recompras de acciones, su posición neta de efectivo se está reduciendo y su flujo de caja libre es negativo.

"Meta puede considerar que no tiene otra opción que gastar, dada la amenaza potencialmente existencial que Claude, ChatGPT y Gemini suponen para su modelo de negocio, por no mencionar las ofertas rivales chinas de IA, como DeepSeek y Kimi K3. Pero los accionistas parecen estar nerviosos ante la incertidumbre sobre cuándo empezarán a materializarse esos retornos", señala Mould. Y es que los casi 90.000 millones de dólares que Mark Zuckerberg, CEO y fundador de Meta, destinó al metaverso a comienzos de esta década siguen muy presente en la mente de los inversores, dado que aquella iniciativa fue abandonada y un fuerte programa de reducción de costes ayudó a que la cotización de Meta recuperara el rumbo en 2022. Y aun así, el gasto actual supera con creces cualquier cantidad que Meta destinó entonces al metaverso.

Para Ipek Ozkardeskaya, analista sénior de Swissquote Bank, esto no es más que un escenario clásico de dilema del prisionero, aunque quizás en este caso sea mejor hablar de "dilema del gasto". "Si gastan agresivamente, corren el riesgo de inquietar a los inversores por la reducción del flujo de caja libre. Si gastan demasiado poco, corren el riesgo de quedarse irremediablemente rezagadas en la carrera por la inteligencia artificial. La única opción realmente viable es seguir invirtiendo, aunque cada vez resulte menos atractiva para todas ellas... al menos hasta que los inversores digan: 'basta'", apunta, al tiempo que define la carrera por desarrollar la infraestructura de IA como una "carrera contrarreloj" en la que quedarse atrás "implica el riesgo de que los clientes migren hacia competidores que sí hayan invertido".

Asimismo, esta experta señala el gran problema de estas tecnológicas es que se están convirtiendo en empresas intensivas en capital y con menos liquidez disponible, que dependen cada vez más de la emisión de acciones y deuda para financiar el creciente gasto en IA, en un momento en el que las expectativas de tipos de interés siguen aumentando a la vez que disminuye el atractivo de su deuda.

Desde AJ Bell coinciden en que esta transformación está poniendo a prueba algunas de las características que históricamente habían hecho tan atractivas a las grandes tecnológicas. Hace diez años, la relación trimestral entre el gasto de capital ('capex') y las ventas de las Mag7 era de tan solo el 7,2%, mientras que los activos fijos tangibles representaban el 19,5% de las ventas. Tras los últimos resultados de Alphabet, Amazon, Apple, Meta, Microsoft y Tesla, esas cifras se sitúan ahora en el 26,6% y el 59,1%, respectivamente.

Microsoft es, desde el punto de vista de su valoración, la compañía que resulta "más interesante" para AJ Bell al compararla con el anterior periodo de presión sobre las tecnológicas. Sin embargo, el gigante de Redmond también afronta los mismos desafíos que Meta, Amazon y Alphabet: su agresivo gasto está provocando que el flujo de caja libre se reduzca, los activos físicos ganen cada vez peso en sus balances "a un nivel de intensidad de capital incremental que haría sonrojar a una siderúrgica" y, además, estas compañías están empezando a competir entre sí de manera más activa. "Estos tres factores erosionan algunos pilares fundamentales de la tesis de inversión histórica de cada una de estas compañías: modelos de negocio escalables y con pocos activos, abundante flujo de caja libre y posiciones competitivas dominantes en sus respectivos mercados", señala Mould.

Todo esto, explica Mould, eleva la importancia de las próximas cuentas de Nvidia, que se darán a conocer el 26 de agosto. El especialista en unidades de procesamiento gráfico (GPU) es uno de los beneficiarios más inmediatos del gasto de los grandes proveedores de servicios en la nube (hiperescaladores) para ampliar sus capacidades de IA. De hecho, la firma de Jensen Huang lleva tanto tiempo superando hasta las previsiones más exigentes bien que "puede permitirse el lujo" de ayudar a financiar parte de las inversiones previstas por sus clientes –y de los clientes de sus clientes–, una estrategia que permite acelerar el despliegue de la IA… y que introduce nuevos riesgos.

Y es que para Mould y AJ Bell, esto no despeja los mismos miedos que atenazan al resto de compañías del sector: el elevado gasto y las dificultades para rentabilizarlo. Según la firma británica, algunos inversores afirman que este esquema de financiación les recuerda al llevado a cabo por compañías como Lucent o Cisco antes de que la burbuja de las puntocoms estallara a comienzos de siglo. "Este modelo funcionó durante mucho tiempo para GE y GE Finance… hasta que dejó de hacerlo", sentencia Mould.